El
orgasmo
Primero fue Sigmund Freud cuando anunció que las mujeres
sexualmente inexpertas tenían orgasmos a través
del clítoris y únicamente las maduras los sentían
vaginalmente. El psicoanalista debió quedarse bien descansado
al cargar sobre nosotras toda la responsabilidad de sentir o
no sentir placer, exculpando a nuestros hombres
de cualquier deber de darnos gusto físico
al hacer el amor.
Más tarde, los especialistas continuaron mareando
la perdiz al afirmar que la teoría freudiana no
era cierta, ya que el clímax femenino no tenía
nada que ver con la madurez. Y se apresuraron en aclarar que
todas las mujeres podían alcanzar el orgasmo a través
del clítoris, pero que un bajo porcentaje de ellas tenía
posibilidad de llegar también al orgasmo vaginal mediante
el denominado punto G.
Esta zona hasta entonces desconocida era altamente erógena,
y al ser estimulada hacía llegar a un orgasmo mucho más
intenso que el clitoridiano. Lo fastidioso del caso era que
sólo unas pocas privilegiadas disponían de este
punto G. Así que el resto de mujeres debían conformarse
con sentir placer mediante el clítoris -¡sí
es que podían!.
Desde entonces los expertos no han dejado de dar vueltas y más
vueltas al tema hasta llegar donde nos encontramos ahora. Y
hoy por hoy ya se puede afirmar que todas las mujeres tenemos
un punto G, la cuestión es encontrarlo.
Lo más justo y más lógico es que la intención
de intentar dar con el punto G venga por ambas partes de la
pareja, tanto de la mujer como del hombre. Es decir, que si
nunca has logrado un orgasmo vaginal, tu compañero y
tú podéis trabajar en ello.
Puedes conseguir tanto placer como el que tiene un hombre, e
incluso más. Si aúnas las pautas que te indicamos
seguidamente y vas practicando, el orgasmo llegará.
Cuestión
de postura
Las posturas sexuales apropiadas para el orgasmo vaginal son
las que permiten una penetración profunda y una libertad
de movimientos en la mujer. Por lo tanto, cualquier posición
en la que estés incorporada o sentada sobre tu pareja
te dará esas facilidades.
También
las posturas en que los pubis de ambos están en contacto
pleno pueden dar como premio un orgasmo vaginal. Prueba estas
variaciones: la mujer boca arriba con las piernas elevadas
flexionadas apoyando las rodillas sobre los hombros de su
compañero, que está de rodillas. También
se lleva a cabo de esta otra manera: con las piernas estiradas
apoyando sólo los tobillos en los hombros del hombre.
Y aún otra modalidad de la misma postura: él
toma las piernas estiradas de la mujer, sujetándolas
por los tobillos y las aparta juntas hacia un lado.
Trabajar
los músculos.
Aunque
normalmente no se tiene en cuenta, la musculatura del estómago
interviene en el logro del orgasmo femenino. Por eso, durante
el acto sexual debes contraer hacia dentro tus abdominales
repetidamente. Esto incrementará tu excitación
además de mejorar el camino hacia tu orgasmo.
Pero
también hay que trabajar otra musculatura, la de la
vagina. Los músculos vaginales son los que sujetan
al pene en la penetración. Puedes ejercitarlos contrayéndolos
varias veces al día, hazlo como si aguantaras las ganas
de hacer pis, ya que son esos músculos los que funcionan
en esos momentos.
Movimientos
Para alcanzar el orgasmo durante el coito no basta con moverse
hacia delante y hacia atrás, o arriba y abajo, al menos
en lo que respecta a las mujeres. Así que siempre que
puedas lleva a la práctica movimientos circulares alrededor
del pene que animarán tu órgano
sexual y se lubricará más.
Por
otra parte, haz lo siguiente: en las posturas en que estás
sobre él, prueba a descender a lo largo del pene de
tu compañero rápidamente, para seguidamente
subir por él lentamente. En el ascenso
contrae los músculos vaginales como hemos indicado
antes. Repite estos desplazamientos. Se trata de que la vagina
haga un movimiento ascendente, como si aspirara
el miembro masculino. Esto te abrirá el camino hacia
el máximo placer y además, dará mucho
gusto a tu compañero.
Respiración
La cuestión es alargar el momento de la llegada del
orgasmo con el fin de lograr mayor placer cuando venga. Para
ello, lleva a la práctica este truquito: cuando notes
que estás a las puertas del orgasmo, sosiega tu respiración
haciendo dos inspiraciones profundas. Esto bajará tu
excitación y frenará la sensación de
gusto. Para volver a excitarte, haz movimientos rápidos
de delante a atrás y viceversa.
Por último, no debe pasarse por alto que la constancia
y la regularidad en todos estos ejercicios tiene que ver también
con el grado de excitación de tu compañero,
ya que con alguna de estas prácticas puedes excitarlo
de tal manera que eyacule de forma inesperada. Por eso debéis
ir experimentando entre los dos hasta equilibrar el ritmo.
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